OTELO Y EL HOMBRE DE PIEL AZUL PDF

Ustedes se preguntarn: qu tanto? A fin de cuentas se trata de comer, dormir, ladrar, jugar, pero nadie advierte los detalles y, cranme, los detalles hacen la diferencia. Si los seres humanos sufrieran la mitad de las complicaciones que un perro, viviran amargados. Las pulgas son un buen ejemplo, una verdadera piedra en la planta de los pies. Alguna vez han caminado con una piedra en la planta de los pies?

Author:Kazrataxe Samukora
Country:Equatorial Guinea
Language:English (Spanish)
Genre:Art
Published (Last):28 April 2007
Pages:241
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Ustedes se preguntarn: qu tanto? A fin de cuentas se trata de comer, dormir, ladrar, jugar, pero nadie advierte los detalles y, cranme, los detalles hacen la diferencia. Si los seres humanos sufrieran la mitad de las complicaciones que un perro, viviran amargados. Las pulgas son un buen ejemplo, una verdadera piedra en la planta de los pies.

Alguna vez han caminado con una piedra en la planta de los pies? Pues bien, las pulgas son muchsimo peores porque pican, corren por el lomo y, aunque uno se retuerza para un lado u otro intentando morderlas, es imposible sacrselas de encima. Se reproducen muy rpido y basta con que una de ellas te salte encima para que al da siguiente tengas una colonia de pulgas picndote el cuerpo entero. Les digo, son peores que los piojos, porque he visto que los humanos se sacan los piojos con 3 unas peinetas de metal o, en caso extremo, se cortan el pelo y problema resuelto.

Las pulgas no. Las pulgas andan encima de uno, sin discriminacin. Puedes tener el pelo largo o corto, enrulado o liso, y no existe peine de metal que logre cazarlas cuando saltan. Tambin hay detalles ms tristes, como, por ejemplo, el hecho de sentirte extrao en tu propia casa. Se los digo con mi pata delantera en el corazn.

Ms de una vez me he sentido un intruso, y eso que vivo hace tres aos en la casa de los Fuendejaln. Ellos me quieren y me regalonean; de hecho, me pusieron Otelo en honor a la pera de Guiseppe Verdi, que es la favorita del seor Fuendejaln. Me dan de comer, me peinan el pelo una vez por semana, me baan con agua tibia en la tina, me ayudan a quitarme las pulgas refregndome con unas pomadas que me dejan la piel colorada, me guardan un espacio en el sof todas las tardes para mirar la televisin y no me retan si duermo siesta en la alfombra de la entrada.

Entonces, de qu me quejo? Pues la verdad es que no me quejo nunca, o casi nunca. Pero a veces me pone triste que me recuerden que soy un perro, que en vez de llamarme por mi nombre digan: Tan inteligente que es este perro! Qu les cuesta decir qu inteligente es Otelo? En cambio, sueltan este perro. A m este y perro son dos palabras que me cargan.

Yo s que soy un perro. Un perro nunca olvida que es un perro, por muy inteligente y guapo que sea. Modestamente, no quiero que me malinterpreten, ni que piensen que soy engredo, pero me veo bien. Un dachshund de pelo negro, hijo de un padre tres veces campen nacional, saben lo que significa? Que mi padre tiene uno de los mejores portes, parada y hocico de su raza.

Y mi madre? Pues mi madre tampoco est mal, hija de campen, un salchicha argentino que compiti y gan otra cantidad de torneos. As es que yo no tena por dnde salir mal. De hecho, lo he comprobado frente al espejo. La operacin requiere astucia y un poco de sangre fra, adems de buen olfato y odos, pues cualquier error resulta nefasto.

Me explico: cuando los Fuendejaln salen de casa, espero que se pierda el ltimo rastro de sus sonidos por la calle y me encamino al bao, compruebo que la tapa del escusa- do est abajo no me gustara caer adentro y salto sobre ella. Una vez ah, tomo vuelo, 7 salto hacia el lavatorio y ah est el espejo en todo su esplendor.

Primero, fijo la vista en mi cara, mi hocico puntiagudo, como un zorro; mis bigotes alargados y esas arrugas de piel caf que tengo sobre las cejas.

Despus, doy una pequea vuelta para comprobar el porte atltico de mis patas, pequeas pero firmes. Cuando ando de ocioso, adems de mirarme, ladro frente al espejo o hago como que me enojo y muestro todos mis colmillos impecablemente blancos los Fuendejaln no me dejan comer azcar ni nada que dae mi dentadura.

Si me pillaran encima del lavatorio, huy! Pero uno a veces comete errores, andas pensando en huesos y, zas! De hecho, fue lo que hice cuando me sorprendi la seora Fuendejaln. Estaba de lo mejor, poniendo mis caras de enojo con ladridos, y no me di cuenta que ella entr en el bao. Recuerdo su impresin y la ma, apoyando su cuerpo en el marco de la puerta con una mirada extrasima.

Pero luego cambi de humor rapidsimo y chill: Sal inmediatamente! Me sent ofendido. Acaso no tena derecho a mirarme en el espejo?

Ser un perro, como deca, no me permita hacer lo que quera? Nuevamente era el extrao de la casa, el perro, nada ms. Anduve con la cola entre mis patas durante un buen tiempo. Ni una sola vez me acerqu al bao. Hasta que unas semanas ms tarde los Fuendejaln se fueron a la playa. Me dejaron en la casa, porque dijeron que al lugar donde iban no aceptaban mascotas, as es que supuse que la palabra mascota era sinnimo de perro. Apenas sent el ruido del motor fui hasta el bao y me encaram en el lavatorio.

Mir mi 10 cuerpo atltico, mi cara peluda de mostachos estirados y me sent bien. Pero no como otras veces Puse cara de enojo, sacando a relucir mis colmillos inmaculados, y me puse contento, pero no tanto Qu me pasaba? Me baj del lavatorio confundido.

Qu haba cambiado? En qu minuto dej de interesarme algo que hasta hace poco consideraba tan entretenido? Lo nico claro es que dentro de m haba algo que lo revolva todo.

Me fui a la terraza y me ech sobre las baldosas. Estaban heladas y me alivianaron algo la irritacin que senta. Cerr los ojos, pens que lo mejor que poda hacer era dormir las dos semanas en que los Fuendejaln estuvieran fuera.

Nada de espejos ni de perseguir a los gatos de los vecinos, que, a propsito, no les haba comentado, pero, en mi opinin, son los animales ms detestables de la tierra.

En fin, el asunto es que estaba en un estado intermedio entre el bienestar y el malestar completo, cuando estir mis piernas 11 traseras y sent algo. Me levant de un solo brinco. Era uno de esos libros grandes y llenos de dibujos de Blanca, la hija menor de los Fuendejaln. Lo haba olvidado. Lo apret entre mis dientes y me dispuse a llevrselo a su pieza; pero no haba dado un paso cuando el libro se me resbal del hocico y cay al suelo.

Se abri por la mitad. En la pgina, a todo color, haba un hombrecito con un traje terracota y una cabeza redonda como bola descubierta de pelos. Eso me llam la atencin: que el hombre de la foto no tuviera un solo pelo en la cabeza. Tambin el hecho de que apareca volando sobre el suelo. Levitaba, de seguro. Hace poco, Blanca me explic de qu se trataba; ms bien, se lo o comentar en la mesa durante un almuerzo.

Era la capacidad que tienen algunos humanos, gracias al poder de su mente, de elevarse por el aire, tan livianos como una pluma. El hombrecito de la figura levitaba y detrs suyo se vean unos montes escarpados, una casa como castillo y unas especies de caballos o muas, pero ms cabezonas y peludas.

Existira realmente o sera fantasa? Los perros tambin podran levitar? Todas esas preguntas me llenaron la cabeza y se me olvid el remolino que senta en el estmago.

Con la ayuda de mis patas delanteras revis una a una las pginas de aquel intrigante y enorme libro. No es broma. Cuando termin el que haba encontrado en la terraza, fui a la pieza de Blanca, me sub a la silla de su escritorio y empuj al suelo otro libro igual de grande; sobre la alfombra blanca de lana gruesa fui pasando las pginas una por una. A veces me 14 detena en alguna lmina que me llamaba la atencin.

Recuerdo la de un prncipe mendigo. En el primer dibujo apareca flacucho, con un turbante lleno de piedras preciosas que brillaban sobre su cabeza. Adems de un milln de collares de color oro, pulseras, aros y otra cantidad de adornos resplandecientes. Pero en la pgina siguiente, en otro dibujo, apareca el mismo prncipe, pero sin ms ropa que una especie de paal de gnero blanco que le tapaba el trasero. Al contrario del palacio en que sala retratado en el primer dibujo, descansaba con la espalda apoyada en un rbol con muy pocas ramas.

No entend mucho de esa historia, pero se me ocurri que el prncipe regal sus joyas y se hizo pobre. Hubo otros relatos que me conmovieron sinceramente, me movieron el corazn. El de un 15 16 hombre barbudo que recorra los mares en una balsa pequea. La embarcacin no era ms grande que el largo de sus piernas y el ancho de su cuerpo, pero l se meta en ella y remaba y remaba. Los dibujos lo mostraban frente a un palacio de cpulas doradas; luego, frente a un muelle lleno de embarcaciones pequeitas como las de l; ms all, frente a un desierto y unos camellos.

Entonces, supuse que haba viajado a distintos lugares en su balsa pequea. Cuando termin de hojear esos gigantescos libracos me sent mareado.

Ese no s qu que me revolva el estmago se hizo ms fuerte, mezclado con una sensacin de vaco. Y entonces me acord que no haba comido nada en todo el da y fui a mi plato dispensador de alimentos la seora Fuendejaln me ense cmo golpearlo para que saliera comida , y ah estaba masticando el alimento para perros lo han probado?

Ni una sola vez.

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Prueba de Otelo y el hombre de piel azul

Las pulgas son un buen ejemplo, una verdadera piedra en la planta de los pies. Les digo, son peores que los piojos, porque he visto que los humanos se sacan los piojos con 3 unas peinetas de metal o, en caso extremo, se cortan el pelo y problema resuelto. Las pulgas no. Puedes tener el pelo largo o corto, 4 5 enrulado o liso, y no existe peine de metal que logre cazarlas cuando saltan. Pues la verdad es que no me quejo nunca, o casi nunca. En cambio, sueltan este perro.

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Otelo, Y El Hombre De Piel Azul

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Prueba Libro; Otelo y El Hombre de Piel Azul.

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